Mi historia

Mi historia

Os voy a contar una historia de la que siempre me acuerdo cuando pienso en mi infancia.

Soy la pequeña de 3 hermanos (y de 2 primos hermanos que vivían en la casa de al lado), os podéis imaginar a la cantidad de gamberradas a las que me exponía cada día: que si me encerraban en el baño, que si me mentían para chincharme diciéndome que era
adoptada, que de bebé era muy fea y por eso no había fotos mías (esto he de decir que es totalmente cierto, era un bebé bastante feo)…vamos, que si no me hacían llorar un par de veces al día no estaban contentos.
Hubo un día que esta pequeña Andrea se llenó de valor y desde la cocina gritó: ¡YA NO PUEDO MAS! – Literalmente grité “ya no puedo más”.

Me quedé esperando, en mitad de un silencio absoluto tras mi grito, que mis hermanos empatizaran conmigo y se sintieran mal (qué ingenua) pero la verdad es que soltaron una carcajada.

Por no hablar de que estuvieron los dos años siguientes cantándome Vivir así es morir de amor de Camilo Sesto. Si, ya sabéis, la parte que decía “ya no puedo mas, ya no puedo mas, siempre se repite la misma historia”.
En ese momento, en el que cuando me oyeron gritar desde la frustración mas
profunda se rieron, me dí cuenta de que ellos no iban a cambiar pero me daba igual, ¿sabéis por qué? Porque la que había cambiado era yo.

Esto es anecdótico, obviamente, pero refleja mucho esa sensación de que así no pensaba continuar pasando mis días.

Esa Andrea llena de frustración y rabia volvió a aparecer en 2020, cuando después de estar años y años con trastorno de la ansiedad generalizada, ataques de pánico, fatiga crónica, apatía, problemas intestinales, problemas hormonales, etc dijo YA NO PUEDO MAS otra vez.

Esa Andrea que iba cada semana al médico o acaba en urgencias con ataques de pánico, a la que le decían que todo estaba bien, que era estrés, que se tomara ansiolíticos y pastillas para los dolores. Que si no iba al baño laxantes y que si iba mucho pues dieta astringente. Esa Andrea a la que nadie tomaba en serio, a la que llamaban exagerada, la que tenía que oír palabras como “¿otra vez?” de su propio entorno.
Esa Andrea quiso de nuevo darse su valor y no conformarse con una situación que la hacía infeliz. Y, como no podía ser de otra manera, sin querer que el resto cambiara, quiso cambiarse a ella.
En 2020, en plena pandemia, mis síntomas comenzaron a empeorar y entonces yo dejé de creer eso que mis médicos decían: que mis problemas venían del estrés:
¿cómo ahora que estoy en casa, mas tranquila, estoy peor? Con este run run me interesé por mi salud y el libro ‘Transforma tu salud’ de Xevi Verdaguer cayó en mis manos.

Todo hizo click.

Entendí que, desafortunadamente, si quería encontrarme mejor y encontrar la causa de los síntomas que me acompañaban durante tantos años y, sobretodo, si quería que desaparecieran, la medicina tradicional no podía ayudarme, ya que su metodología se basa en tapar síntomas: ¿Te duele la cabeza? Pastilla.

¿Problemas menstruales? Pastilla. ¿Colesterol alto? Pastilla. ¿Ansiedad? Pastilla. Y así hasta el infinito.

Entendí, en definitiva, lo que había entendido con 10 años: Que tenía que cambiar yo y no esperar a que cambiara el resto. Mi salud estaba en mis manos, no en las de médicos que me atendían en 5 minutos y no se preocupaban por mi.

En la medicina tradicional no existen la prevención, el estilo de vida, los hábitos, la nutrición funcional…según mis médicos nada de esto tenía que ver con lo que me pasaba. Ahora sé que si, que todos mis problemas venían de mi estilo de vida.

En medicina integrativa me daban tantas soluciones con prácticas tan sencillas como tomar el sol, realizar actividad física y sanar el tubo digestivo con alimentación adaptada al estado de mi microbiota.
La medicina tradicional me hizo creer que tenía una enfermedad crónica (Tiroiditis de Hashimoto) y que era normal que estuviera cansada todo el rato, que tuviera ansiedad o que tuviera dolores y que no había nada que pudiera hacer para revertir los signos y síntomas del espectro autoinmune provocados por esta afección.

Cuando a un paciente le dan un diagnóstico de tales características le estamos
diciendo: “da igual lo que hagas, vas a estar mal”. Esto lleva a los pacientes a hacer tal cosa: nada. A justificar sus síntomas y malestar y a que su identidad sea su enfermedad: “No, yo es que no puedo hacer deporte porque tengo artrosis”.” No, yo es que no puedo comer eso porque tengo gastritis crónica”. “No, yo es que tengo el colesterol así porque toda mi familia lo tiene alto”.
Si eres uno de esos pacientes quiero que grites MUY alto, a ti mismx:
YA NO PUEDO MAS.

Si eres uno de esos pacientes quiero que sepas que sí, que hay mas pruebas
diagnosticas que la analítica que te pide tu médico de cabecera. Que mi ansiedad, mis mareos, mi cansancio, mis problemas digestivos, etc no eran del estrés, a lo que ellos llamaron estrés, desde medicina integrativa pudimos ponerle nombre (y solución a los síntomas asociados):
-Celiaquía
-Tiroiditis de Hashimoto
-Infección por Helicobacter Pylori
-Permeabilidad intestinal

Quiero que tu también le pongas nombre y apellidos a tus síntomas, llegar a la causao causas de toda esa sintomatología que afecta directamente a tu calidad de vida.

Ademas, a lo largo de este camino he aprendido que hay tantas cosas que influyen en nuestra salud, no solo nuestras patologías sino también la gente de la que nos rodeamos, nuestra rutina, nuestros hábitos de sueño, la actividad física, nuestras creencias, exposición a tóxicos, etc Entender y aplicar cambios en estos aspectos ha sido clave para recuperar mi salud física y mental.

Cuando te digo que he recuperado mi salud física y mental me refiero a que a día de hoy puedo afirmar que no tengo ningún síntoma asociado a mis patologías “crónicas”.

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